está llamado a servir, muy en especial en la celebración eucarística.
Cristo y el prójimo sirven. También la comunidad creyente y el mundo sirven: todos los cristianos
están llamados a servir. El monaguillo tiene el privilegio de expresar y vivir esta vocación. En el
servicio de la liturgia. Pero de esta nobleza de su función, fluye también el deber de cumplir esta
tarea de servicio de una manera constante, digna, alegre y devota. Y eso sólo es posible si conoce
bien su tarea.

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